h1

Narrar, narrar

4 junio 2014

Encontré el volumen del tercer tomo en Aguilar de las Obras Selectas de León Tolstoi a la salida de Filosofía y Letras. Estaba acabando mayo en condiciones paupérrimas pero la tentación fue muy grande. Y con cierto entusiasmo comencé a leer La sonata a Kreutzer, que sólo tenía en una muy sencilla edición de la Universidad Veracruzana sin créditos siquiera para el traductor. La que tengo a la mano en cambio lo explicita, y aunque es una versión correcta, tiene los rasgos de un estilo de antaño, marcado por la pulcritud de un libro viejo. Eso me seduce antes que repelarme. La convivencia de ese estilo con la materia de la obra no resulta, como pudiera, anómala: es un libro de una tremenda crudeza, sorprendentemente explícito para la imagen que un lector desinformado como yo pudiera tener de la Rusia de la época, y de la época en general. Novela breve, creí que la leería en una sentada, pero la verdad es que no me ha cautivado. “Cautivado.” Fer empleó el término esta semana, para describir su nivel de apego al último film de Lars von Trier, o al libro de Baudelaire que le presté hace varias semanas. Parece que ninguno fue muy lejos en sus afectos. La palabra me agrada: ser preso, por unas horas, o días, de una obra. Pues bien: no he sido cautivo de Tolstoi esta vez, por fascinante que fuera el tema.

La mente de un asesino, explicada por sí mismo. Los horrores del amor, del deseo y la convivencia matrimonial. De manera aislada, la exploración de los temas diversos están logrados con gran acierto y, por ratos, con maravilla. Mas entendida como novela, La sonata a Kreutzer es bastante tediosa. ¡Un solo personaje que no para de hablar! ¡Un personaje hablando como un merolico! Está bien, soy injusto, exagero. La obra es grandiosa en el terreno de las ideas, y algunas frases y descripciones del personaje son en verdad inigualables atisbos del horror.

Pero en cuanto narración, es un tanto insostenible. Una sola voz que busca conducir todo el relato. El relato no: el discurso, la exclamación, la perorata. Hay en realidad muy pocos hechos. Abunda, en cambio, la descripción del mundo interior y la pesadilla de la vida conyugal; el detalle de los sentimientos. Pero, en algún punto, la expectativa de un tono nuevo languidece. Ya sabemos cómo proseguirá el relato. Eso torna cansadas las páginas, lo cual me hizo recordar una novela también breve que he tenido por largo tiempo abandonada, con un separador inmóvil en su página 90: Muchacho solo de Jorge Arturo Ojeda. Como La sonata, no dudaría en recomendarla, pero advertiría al lector que requerirá paciencia. Comencé el libro de Ojeda con fascinación incluso, deslumbrado por sus imágenes e ideas. Ninguno de estos ámbitos decae a lo largo de sus páginas; en cambio, el terreno de la narración propiamente es veleidoso. Dos voces -demasiado parecidas- conducen el discurso, cada vez más pétreo.

Pensaba antes que la novela de nuestro tiempo podía prescindir casi enteramente de la anécdota. Menospreciaba la función de la trama en beneficio de la prosa y las ideas. La prosa, sigo pensando, es fundamental: es el elemento superficial y de fondo a un tiempo. Sin prosa, literalmente, no hay nada. La prosa corresponde a la imagen en el óleo; sólo por ella tenemos obra. Todo lo demás ocurre por ella. En cambio, salvo posibles, escasas excepciones, casi no hay novela que se sostenga sólo por las ideas. Y casi no hay relato que aguante un solo tono. Sin acciones -islas de horror en el mar de nuestro aburrimiento-, la novela zozobra.

El otro extremo de la novela, el del mero entretenimiento y el best-seller, es desde luego también insufrible. Lo que en una orilla resulta pétreo es volátil y efímero en la otra. Pero ese tema excede la actual entrada. Voy a acabar este par de libros con un poco de paciencia, pero probablemente no volveré a ellos. Nota mental: el lector necesita al menos un poco de acción a la que asirse. En suma: no seas un pesado. No es un pecado entretenerlo un poco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: